sábado, 8 de diciembre de 2012

El ridículo de todos los días





Ayer presentí un guerra, sí, una pequeña, pero al fin y al cabo guerra; pero ¿que hubo hoy? No más que un disgusto enorme con la vida, así y sin explicación. Ayer estaba en esa silla viendo al teatrero cuarentón haciendo su máximo ridículo y de tanto escucharlo gemir y bailar sus pasos acartonados dejé de escucharlo y de verlo. Comencé a distinguir otras formas y a escuchar a otros, creo que allí comenzó la guerra que presentí para hoy.
Pero cuando todo el mundo aplaudió al final de la bochornosa obra (bochornosa también por el insondable calor que se encerró en el recinto) perdí las imágenes de mis soldados; los comandantes se diluyeron en el sudor del actor y cuando lo vi allá de pie, sentí que mi guerra se hacía más pequeña en cuanto su necedad se hacía más grande. Parece que anoche seguí con la batalla y no lo recuerdo muy bien, creo que la perdí porque hoy amanecí disgustada, afligida por una pena que no sé de dónde salió. Pero bueno, hoy me corresponde lidiar con este mal interior, el de todos los días, pero más alejada y oprimida que nunca. Hoy tendré una mañana sola, con un tinto enorme y bien cargado que agotaré en dos o tres sorbos. Apenas termino una página mal lograda, pero no tengo la iniciativa de destruirla, la dejaré allí, así muera en el papel. Es mejor que un acto muera en el papel que en las tablas de un escenario ante la vista aturdida de un público masivo. Pobre hombre, después de tantos años de reconocimiento terminar así, arruinado hasta por su propia palabra. Qué pena por él, porque ni siquiera advirtió su fracaso, salió con un enorme ego y firmó uno que otro autógrafo, tomo su tinto mientras apoyaba su brazo izquierdo en el sillón de cuero con una confianza arrolladora. Parecía una loca caricatura de la que a este lado de la ficción nos estamos riendo. Una historieta del ridículo, un personaje con su sonrisa alargada y su boca chiquita, haciendo su danza sobre un lago de cocodrilos. Tan pronto pude, salí de allí, me aburre tejer lástima. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario