jueves, 13 de diciembre de 2012

En el parque







Estuve luego sudando una fiebre con la que deliré toda la noche. En mis sábanas descansó la sal de mis guerras interiores, y para la mañana, estaba tan cansada como si hubiera recorrido miles de kilómetros a pie y sin zapatos. Me duelen los talones y mis sesos se quieren salir de su puesto.

sábado, 8 de diciembre de 2012

El ridículo de todos los días





Ayer presentí un guerra, sí, una pequeña, pero al fin y al cabo guerra; pero ¿que hubo hoy? No más que un disgusto enorme con la vida, así y sin explicación. Ayer estaba en esa silla viendo al teatrero cuarentón haciendo su máximo ridículo y de tanto escucharlo gemir y bailar sus pasos acartonados dejé de escucharlo y de verlo. Comencé a distinguir otras formas y a escuchar a otros, creo que allí comenzó la guerra que presentí para hoy.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El mosco



Mosco: aquel insecto molesto, minúsculo con gran agilidad para escabullirse y escapar y que además chupa la sangre de toca clase de seres vivos. Además, coloquialmente se utiliza en oraciones como "estar mosca" que se refiere a estar atento o sobre aviso. Cuando lo encontré en el suelo de la alcabala ya estaba literalmente con los ojos abiertos como un mosco muerto.

Un cuento de grandes

Hhhhhhhaaaaaaabbbbbííííííííííííííáaaaaaaa Uuuuuunnnnnaaaaa vvvvvveeeezzz… Cuando la profesora me pone a leer no entiendo nada. Paso mi dedo por cada una de las palabras pensando que de pronto así se me grabe aunque sea algo en mi dedito. En mi casa escribo muchos cuentos y siempre se los leo a mi mamá y a mi amiga Carolina, pero no con las letras que me enseñaron en el colegio, pues yo me inventé una forma de hacer cuentos con letra de grande, porque las letras que me enseñan la profesora son letras de niños, pues solo se pueden hacer palabras como mamá y papá o algunas cosas como mi papá ama a mamá, pero no cuentos. Tengo en mi casa un cuaderno lleno de cuentos y yo los escribo rapidísimo; aunque tengo otros libros que me lee mi mamá y que son también de grandes y ella me enseñó a leerlos con mi dedito. 

Tengo un cuento que es de una manzana mordida que escribí con mi letra de grande. Y las letras son bonitas porque son como montañitas; yo hago un cuento con letras de montañitas y como ladeadas por el viento y cogidas de la mano unas con otras. Siempre que lo leo es diferente, porque las letras se mueven, entonces así cambia el cuento. Y si lo lee mi amiga Carolina más todavía, a veces al cuento le da pena y se esconde, y parece que fuera otro cuento porque cuando Carolina lo lee no aparece la manzana.

Pues yo ya aprendí cómo se escribe manzana, pero a mí me parece que se ve más bonito así. Ya  sé escribir un cuento como me enseñó la profesora, pero no me gusta casi porque no me interesan los cuentos mudos. Es que la profesora nos pone a leer cuentos mudos y nos dice “lean mentalmente” pero a mí no  me gusta y entonces no me sirve mi dedito de leer.

En el colegio tengo tres amigos. Ellos odian los cuentos y es porque ya aprendieron a leer cuentos mudos. Cuando los invito a mi casa para que lean mis cuentos, se aburren, porque ya no les gustan ni las manzanas ni los deditos que leen, y eso es porque aun no saben leer la letra de grande como la que yo hago, porque la profesora no les ha enseñado, porque a mí me lo enseñó mi mamá.  

 Ayer mientras leía un libro largo con mi mamá -ella me ayuda cuando yo me canso- mi profesora se metió en mi cuento y estaba muy brava porque yo no la podía sacar. Estaba sobre una de las montañitas y el viento soplaba casi hasta hacerla caer a la siguiente montaña. Mi mamá se reía mientras yo leía a la profesora que hizo que mis letras se volvieran cubos separados. Ella despegó las letras y las hizo una a, una e, una i y una u, y así ella estaba más tranquila. Pero ya no se podía leer rosa sino  ERRE- O- ESE- A y así me demoré mucho tiempo en leer algo que no entendí. Mientras ella descansaba en la curva de la ESE saqué la rosa del libro y ella cayó en un vacío sin letras, en la parte blanca del libro y allí no hubo donde pudiera ni siquiera sentarse. Y así pude seguir con mi libro y mi lectura de grande. Mi mamá y yo nos encontramos con los animalitos más bonitos y vi árboles enormes y puntiagudos, rascacielos y toboganes divertidos y una enorme flauta de donde salía la música de las palabras, mientras la tierra acompañaba con un sonido de tambor. Pasamos un rato largo allí hasta que me dormí.