NEGRO
En los pies esa suciedad ácida
Ese espeso sudor constante de la atmósfera
Que nos llena los ojos de lágrimas
Y que nos tumba en sus negros arroyuelos
Que como líneas interminables
Cruzan todas las calles
Sin oportunidad de escapar de ellas.
La violencia de esos pequeños charcos
En los que me reflejo
Sin encontrarme nunca completamente
Me separan de la inmensidad del mundo
De la dulce naranja
De olor a tierra
Del sabor de la piel.
La oscura alcantarilla
Donde los roedores esperan el anochecer
Guarda el fluido de esta vida que
En esencia no es más
Que ese pequeño charco negro
Donde no se diferencia una sustancia de otra
Donde los olores nauseabundos
Se conjugan en un solo olor
Agrio
Espeso
Rancio
De allí nada puede salir limpio
ni el aire
ni la luz.
Esa desmesurada boca se abre sin compasión
Para tragarse todo y llevarlo a una sola masa.
Y los espectadores con los párpados templados,
Cerrada la piel y el alma
Sentimos el inevitable olor
Apenas con un gesto
Apenas con una curvatura en nuestras frentes
Sin siquiera un suspiro.
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